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UN VISTAZO AL PANORAMA MUNDIAL


Fidel se confiesa

NICOLE MISCHEL MORELY

Llevábamos cinco horas oyendo al comandante Fidel Castro en su discurso para los periodistas de toda Latinoamérica que se encontraban en un Congreso en La Habana. Eran las 2.20 de la madrugada y un pequeño grupo de periodistas nos quedamos esperando al Comandante, unos para que les firmara una foto, algunos para preguntarle sobre el destino de Latinoamérica y otros, como yo, para despedirse de él y abrazarlo, pero con la idea de estudiar más de cerca los rasgos más interesantes de su personalidad.

Mis colegas se cansaron de la espera y, después de 40 minutos, me quedé sola; Castro se encontraba hablando con un grupo de estudiantes y los guardias no me dejaban pasar. Más bien me pidieron que lo dejara tranquilo. Hice caso omiso a los guardaespaldas y escruté el pasillo por donde se marcharía Fidel al terminar de hablar. Los guardaespaldas se comunicaban con las miradas e inmediatamente se dieron cuenta de mis movimientos. Uno de ellos se puso frente a mí para impedir que diera siquiera un pequeño paso. En ese momento el Comandante decidió retirarse.Un pasillo de unos 15 metros nos separaba. Cuando emprendió la marcha, yo grité, como última opción para llamar su atención: «¡Comandante, Comandante, soy yo, la venezolana!». Fidel volvió la vista buscando sorprendido la voz que lo llamaba, y, al ver que me encontraba sola y con deseos de acercarme, dio orden a sus guardaespaldas de que me dejaran pasar.

Eran como tres anillos de seguridad. Todos vestían pantalones negros y guayaberas blancas. Los rostros de los guardias destilaban antipatía hacia la intrusa, pero lo que dice el Comandante es una estricta orden. Estaba rodeado por cuatro guardaespaldas y su asistente Carlitos. Uno de los escoltas, de rostro feroz, me arrebató violentamente el bolso. Fidel me pareció muy interesado cuando yo le dije: «Sólo quería darle un último abrazo». Me callé que mi objetivo era hacerle una entrevista.

¿Y ya comiste? me preguntó.

No... balbuceé . Me interesaba hablar con usted...

Pues te secuestro y vienes conmigo a cenar.

En su rostro noté un gesto de simpatía. Luego colocó su mano en mi hombro y caminamos juntos hacia un pequeño recibidor, desde donde entramos a un salón. Ordenó que colocaran unos cubiertos.Después, cortésmente, me pidió que tomara asiento frente a él.La mesa era tipo colonial, muy arreglada, con mantel de tela color mostaza; los cubiertos tenían un brillo especial, aún cuando eran de plata; frente a cada plato titilaba el cristal de las copas de vino.

Fidel tomó asiento en el sitio de honor. A su izquierda, Felipe Roque, su canciller; a su derecha Carlitos, el fiel asistente.De entrada nos sirvieron unas toronjas (frutos parecidos a la naranja, pero más ácidos) recomendadas por el médico a Castro.Acompañábamos con tinto español: Fidel es un degustador de los caldos rojos españoles. En ese momento Castro, muy simpático, comenzó a preguntar sobre mi vida, mi familia, mi profesión de periodista.

El día anterior, en pleno Congreso, me había acercado con muchas dificultades hasta donde se encontraba Fidel. Allí me reuní con un grupo de periodistas que le rodeaban y le hacían todo tipo de preguntas. Al verme me saludó y yo rápidamente le regalé un libro titulado La judía de Toledo. Escribí una dedicatoria, mi nombre y mi apodo: «La judía de Caracas». Ahora, cuando estaba frente a mi, en plena cena, recordé ese momento.

¿Cuál es tu ascendencia? me preguntó entonces forzando un gesto de interés.

«ADMIRABLES JUDÍOS»
Comprendí que la pregunta tenía que ver con el libro, con la dedicatoria, con lo que yo estaba pensando en ese momento. Fidel confesó haberlo hojeado con mucho interés.

Mi mamá es marroquí y mi padre uruguayo, pero de familia polaca.Cuando era pequeña, pasaba los veranos en Tánger, con mis abuelos...

Así que eres sefardita.

Me quedé impresionada. Más que una conversación parecía un interrogatorio basado en lo que el servicio secreto cubano hubiera investigado sobre mí. Felipe Roque, inmediatamente, acotó:

Entonces, por parte de tu padre, si él es de origen polaco, tú eres esquenazi, ashquenazí, así es como se dice, ¿no?

Tanto Fidel como Roque sabían mucho sobre judíos. Fidel me confesó que admira al pueblo hebreo: «Han subsistido siglo tras siglo, son un pueblo admirable. Ya ves, Marx era judío». Y jocosamente acotó: «¿Y quién crees que maneja la ficción del mundo? Hollywood, la industria de los judíos». En esos momentos Fidel con una sonrisa pícara, mirando a Felipe Roque, exclamó riéndose: «Óyeme, Felipe...No vaya a ser que esta mujer sea del Mossad».

Yo me reí y sentí que me sonrojaba. Supongo que un miembro del servicio secreto israelí no se habría ruborizado, así que no necesité responder a su broma. Fidel tomó su copa de vino y se reía mientras observaba mi reacción disimuladamente.

El Mossad. Israel. Comenzamos a conversar sobre Oriente Medio.Fidel condenó la política del primer ministro israelí, Ariel Sharon, asegurando que «está llevando a su pueblo a la destrucción».

Entonces, ¿usted apoya únicamente al pueblo palestino? le pregunté.

Hay que ver que los palestinos están viviendo lo mismo que pasaron los judíos en la Segunda Guerra Mundial, muerte y diáspora. El poderío militar de Israel es un gran peligro, son poderosos.Los yanquis siempre estarán con Israel y esa alianza de intereses los fortalece.

¿Usted cree que si los países árabes de Oriente Medio se unieran a Israel, podrían convertir la región en una gran potencia?

Fíjate que eso que tú dices es interesante, pero acuérdate que la política son intereses. Es difícil. Hay factores religiosos, históricos y territoriales que hacen difícil esa idea.

¿Y la paz? le pregunté.

El hombre de paz para Israel fue Rabin y uno de los suyos lo mató. Así pasó con Sadat en Egipto. Es el extremismo...

La conversación estaba entrando en calor y yo cada vez me encontraba más tranquila. Quizá sí tenga madera para agente del Mossad.Mientras Fidel saboreaba su último pedazo de toronja, me atreví con un tema delicado.

¿ESTÁ CIRCUNCIDADO?
Comandante, dicen que usted tiene algún vinculo familiar con el judaísmo. ¿Es usted bautizado?

Recuerdo que tenía cinco o seis años cuando me bautizaron en Santiago de Cuba. En ese ambiente no había mucha religión. Recuerdo que al que no estaba bautizado le decían judío. Yo no sabía qué quería decir eso. Sólo sabía que un judío era un pájaro que hace mucho ruido, oscuro. Creía que ése era el único significado de judío.

De repente, sin razonarlo, se me ocurre preguntarle:

¿Está usted circuncidado?

El Comandante, aunque parezca increíble en un hombre con su edad y su historia, se ha sonrojado. Él y Roque se atragantan con la risa que les ha desatado mi pregunta.

Óyeme, Nicole. Qué osada tu pregunta. Nunca me la habían hecho sigue carcajeándose . Ahorita no te la responderé.

Fue entonces cuando se rompió el hielo entre el Comandante y yo. Él me miraba con su usual picardía. Era como conversar con un amigo que sabía más de lo que yo me imaginaba. Pero mi atrevida pregunta le había turbado a pesar de su experiencia. En ese instante nos trajeron el segundo plato: arroz con pollo. El camarero era un hombre alto y de rostro oscuro y cubierto por una pátina de cortesía permanente. Estaba, de forma constante, muy atento a su comandante. Fidel prefirió tortelinis. Después me sorprendió con una pregunta inesperada:

Nicole, ¿qué opinas sobre el actual gobierno de [Hugo] Chávez, sobre Venezuela hoy en día?

Era una pregunta muy comprometedora para mí, como venezolana y periodista.

El presidente Chávez tiene gran sensibilidad por los más necesitados, por los excluidos de la sociedad, y eso es admirable. Pero hay mucho desempleo e inseguridad aventuré.

Me atreví a formularle la misma pregunta. Castro no dismuló la simpatía que siente hacia Chávez como político y ser humano.

Chávez puede hacer mucho por su país y por Latinoamérica, pero en los años que lleva en el poder creo que ha podido hacer más.Yo creo en él. He visto pasar gran cantidad de mandatarios por todo el mundo, pero Chávez tiene una sensibilidad muy especial y realmente siente lo que hace y dice. Algo que yo sí le aconsejaría es que dejará un poco el tema político. Ya sabes qué trae eso: confrontaciones.

¿Qué le aconsejaría usted a su amigo Chávez, Comandante, como fórmula para fortalecerse?

Que visitara más las fábricas, a los obreros, oírlos como también oír a los estudiantes universitarios, sus inquietudes. Más acercamiento a los jóvenes estudiantes de toda clase. Son el futuro del país y Chávez tiene el carisma para enamorarlos.

Fidel, sin embargo, descarta completamente que Venezuela pueda vivir el mismo modelo comunista de Cuba: «Son dos revoluciones distintas, sólo se asemejan en la lucha por la educación, el deporte y alimentación de los más necesitados». La cena estaba terminando. Trajeron natillas de postre. A Fidel le encantan.Nos habíamos bajado ya botella y media de vino. Felipe Roque, mientras escuchaba nuestra conversación, cabeceaba. Estaba medio dormido, pero pendiente de lo que decía el Comandante. «Sí, Comandante eh.. sí comandante», reaccionaba entre el sueño y la realidad.

Carlitos, su asistente de 34 años, casado pero yo diría que también con Fidel , mantiene con Castro una especie de relación paterno-filial. El Comandante continuaba bien despierto, como si fuesen las dos de la tarde. Y ya eran las 6.45 de la madrugada.Roque le recuerda al Comandante que a las 12.00 tendrá un encuentro con el embajador de Italia. Fidel le ordena que retrase la entrevista hasta las 14.00 horas, «para dormir dos horitas a las 11.00».

CHANEL LE ENCANTA
Yo fui un momento al baño, pero inmediatamente volví. Fidel había ido al baño también. Creía que ya se había acabado nuestro encuentro.Le pedí que me firmara una foto en la que saliéramos juntos.Pregunté si me podía acercar un poco más a él y extendió una silla que colocó a su lado. Nos quedamos solos en el comedor, sacó un bolígrafo y me firmó la foto. En su mano izquierda llevaba un reloj Casio. Entonces le abracé.

Era una especie de aventura para mí, y para el hombre de la barba fue un momento inesperado. En la mesa solo quedaban las copas y un cuchillo. Yo era una extraña. Fidel, el ídolo de pueblos y de muchas damas en sus primeros y continuos años de revolución .El amante de las mujeres, el que las envolvía con su verbo, con su infinito e inagotable ideal de lucha, con un físico de altura, una romántica y mística expresión en sus ojos, como evocando al santísimo del África negra. Los años pasaron por él como por cualquier mortal pero un espíritu joven y eterno le acompaña.Mi perfume Allure de Chanel le encanta y me lo hace saber.

Una dama fina siempre lleva el mejor perfume francés , dice con galantería socarrona.

Pero el Comandante sabía que estaba con una joven periodista de 24 años, que lo trató como a uno de estos hombres sabios que te encuentras en una plaza, sentados en un banco, con la mirada en el pasado. Miré a Fidel directamente a los ojos y le dije que no me había respondido si estaba circuncidado. Volvió a ponerse rojo y, tras unos segundos en silencio, con la mirada pícara, respondió, pero me pidió que no transcribiera la respuesta en ningún artículo, que fuera «un secreto de amigos». Y es que Fidel guarda secretos positivos que podrían haber cambiado su rumbo en la vida. Comenzamos a hablar de su vida, su niñez. ¿Quiénes eran sus padres?, le pregunté.

Mi madre se llamaba Lina. Era campesina cubana, analfabeta, que aprendió a leer sola, siendo adulta. Mi padre, de origen español, de Galicia, llegó a Cuba sumamente pobre, hijo de un campesino español pobre. Lo enviaron a Cuba en la última Guerra de Independencia, en 1895, como soldado español. Se volvió otra vez a España, pero como le gustó Cuba...

¿Y dónde estudió usted, Comandante?

Estudié los primeros años de primaria con los Hermanos de La Salle, que no son ordenados sacerdotes. Por eso, terminé haciendo el quinto grado con los jesuitas.

¿Cómo era su vida en el campo, donde se crió?

Fíjate que en el campo se aprende realmente la vida Las tierras, lo extenso del verde, incita al cuerpo.

¿Cuántos hijos tiene? pregunté.

Se quedó pensando y trás un pequeño silencio, puso su mano sobre la mía y confesó:

Mi primera relación sexual fue a los siete años, con una mujer del campo mayor que yo. En el campo se vive mucho la promiscuidad, y yo sí que la viví... ¿Y tú, Nicole, con qué años la perdiste?

Eso, Comandante, no se lo he dicho ni a mi padre... respondo azorda . Pero como con el doble de años que usted y un poco más.

No me dijo un número exacto de hijos, pero esta respuesta tenía un gran significado. Fidel me habló como un padre le hablaría a su hija y me dijo que algo que condena en la juventud es la promiscuidad, asegurando que los jóvenes deben tener cuidado con la cantidad de personas con las que se acuestan, más que nada ahora con las enfermedades y el sida.

Fidel enamoró mucho, relata, pero no fue por la poesía, género que confiesa no dominar bien. Dice que cuando era joven pasaba el día y la noche leyendo y sólo interrumpía la lectura para comer e ir al baño.

Además de Marx, ¿a qué otro personaje histórico admira?

Anibal , responde tajante.

El gran estratega cartaginés, con pocos medios, puso en un brete al todopoderoso imperio Romano. Realmente, todo lo que dice Fidel tiene relación con su pasado y su presente. Confiesa que la ideología marxista lo subyugó porque él sentía el dolor del pueblo y la necesidad de ayudarlo para lograr el equilibrio social y eliminar la injusticia y la pobreza. Le recuerdo sus tiempos con el Ché Guevara. Fidel parece perder la mirada, y con voz entrecortada responde sólamente: «Era un gran hombre (respira profundamente), un gran luchador».

TRAICIÓN DE GORBACHOV
Después hablamos de sus tiempos de amistad con la URSS y con el mariscal Tito y el Movimiento de los No Alineados, de su decepción ante un hombre a quien admiró al principio para contemplar después cómo destruía la Unión Soviética, como fue Mijail Gorbachov.

Desilusiones y golpes aparte, el Comandante dice creer, cada día más, en su Revolución: «Ya ves cómo los yanquis en 41 años nunca pudieron con nosotros. Mientras nuestros niños ven en Internet las páginas autorizadas de cultura y educación, ellos dejan que sus niños se ensucien con la basura que deja el capitalismo, la pornografía, el materialismo...». ¿Le dirá algo así a Jimmy Carter, primer ex presidente estadounidense que pise suelo cubano desde la Revolución castrista, cuando visite la isla el próximo mes?

Son las 10.30 de la mañana. Fidel me despide en la puerta con un cálido abrazo. Tal vez le he dado la oportunidad de descargar su atormentado mundo de política y vivencias personales ante una periodista bisoña. Nos decimos adiós. Después sentí la tentación de verle una última vez. Volví los ojos y encontré la mirada profunda, anciana pero vivaz, de Fidel Castro, revolucionario.


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ANALISIS INTERNACIONAL

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ESCUCHE DE LUNES A VIERNES A NICOLE MISCHEL EN LAS TRES EMISIONES DE LA BARRA DE NOTICIAS DE CRC CONTINENTE CON EL MAS COMPLETO ANALISIS INTERNACIONAL DEL MUNDO DE HOY .

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